Crónica: Festival Paraíso

Los organizadores del FIB nos trajeron al fin a la capital un festival con la electrónica más sutil, variada y original del panorama actual. La expectativa era altísima y, a pesar de las luces y sombras de esta primera edición, cumplieron con ellas.

La jornada del viernes 8 comenzó un tanto accidentada. La lluvia había dejado anegadas las zonas de salida de emergencia y no dejaron abrir puertas hasta solucionar el problema. Con cerca de dos horas de retraso se pudo acceder al recinto para asistir a la primera actuación de la noche. Calentamos motores con la actuación de Kelly Lee Owens, quien se encontró el recinto vacío pero que supo meterse a la oleada de asistentes en el bolsillo, cerrando una actuación por todo lo alto y con un público ya de lo más entregado.

Ya con el recinto comenzando a llenarse llegaron los turnos de Apparat y su house atmosférico, un tanto lastrado por el sonido del escenario que tronaba en los laterales y en primera fila y se perdía si te encontrabas en el centro de la pista, y del techno y electropop de HVOB. La actuación de HVOB fue sencilla y efectista, aunque la voz de su líder en ocasiones era imperceptible.

Otra de las apuestas fuertes de esta primera jornada fue la actuación de la promesa del house Yaeji, que aprovechó la ocasión para marcarse un show entre dj set y live mucho más potente de lo que se esperaba.

Finalmente los míticos Hot Chip cerraron la primera jornada en el escenario Paraíso con un show algo descafeinado ya que los hemos visto cientos de veces y parecen haberse acomodado en su espectáculo sin ofrecer grandes shows ni novedades.

El sábado comenzamos con la actuación del dúo franco-cubano Ibeyi. Con un show muy cuidado y unas voces impecables, las hermanas se metieron al público en el bolsillo gracias a temas como «Me Voy» o «Deathless».

Tras Ibeyi fue el turno de Tune-Yards, quienes mostraron tener como seguidores al público más popero del festival que buscaban bailar y cantar sus temas más comerciales como el exitoso «Heart Attack». Los fans quedaron satisfechos, pero los que pasaban por allí a ver que se encontraban no parecían estar muy convencidos.

Posteriormente fue el extenso dj set de Floating Points con una electrónica espectacular, cuidada, progresiva y de lo más estimulante pero con unos visuales bastante decepcionantes.

A las 23.30 de la noche llegó el principal motivo de asistencia a esta primera edición del Festival Paraíso. En el escenario principal comenzó la actuación de Róisín Murphy. Esta actuación hay que desgranarla pues estuvo repleta de situaciones agradables y otra un tanto incómodas. Por un lado hay que reconocer que la voz de Murphy permanece intacta con el paso de los años. Lo que si que ha cambiado y bien sabemos sus seguidores es su estilo musical. Muchos de los asistentes esperaban que la irlandesa tirara de éxitos comerciales, algo que no compone desde el «Overpowered» de 2007, del que solo cantó «You Know Me Better». Por otro lado la actitud errática de la artista por el escenario desconcertó a muchos, a los que no saben que ese es su juego. Con cambios de vestuario imposibles y juegos con una especie de muñeco hinchable, la actuación arrancaba la carcajada de los asistentes en las primeras filas, los cuales terminaron enloqueciendo gracias a ese final con un remix del emblemático «Sing It Back» de Moloko. La actuación en conjunto fue de lo más aceptable, sobre todo para ser la primera de la gira. La pena fue como se comía el sonido la música del otro escenario y como se oía más al público hablar que a la propia Róisín.

Finalmente, entrada la madrugada, nos dedicamos a ver a los diferentes djs que cerraban la jornada en los tres escenarios y que dieron bien de caña necesaria y que el público reclamaba.

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